Hay una caricia furtiva que quiere ser anónima en el 301
Y en el cuarto piso del edificio una loca que se fuma la muerte
Las luces del vecino están prendidas días y noche,
Y en el bar del penthouse un enjambre de moscas que afirman que ya no eres solo uno.
En el 501 las cortinas están abiertas,
Limpia la cocina, los balcones, una mujer en su vida.
Los focos del candelabro se han cambiado, no hay oportunidad para la oscuridad
Y la rutina tan odiada los sorprende como a santo en un burdel.
En el 401 el fantasma de una tonta
Que le creyó al soborno de unos besos limosneros
Al amor que le puede tener Bin Laden a Bush
Al país de las cuchucientas mil maravillas.
En el 301 ya no se volvió a vivir la caricia ferviente, furtiva y anómala
El esposo de la dama de blanco encontró a su vecino en su cama
Un revólver silencioso puso fin a esta historia
Y es que mientras más arriba vivan peor para ellos.
En el 201 un loquito con guitarra que le canta a la gitana del 101
si se le perdona que haga escándalo por ser loco,
Que le perdonen a esta loca
Por no arruinar la vida del mejor de los conquistadores
Por no revivir a los muertos que tengo por testigo
Y por perder el tiempo contigo.
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